Pedro Natalicio Sosa Pablo Correa
Pedro Natalicio Sosa
Pablo Correa
Pedro Natalicio Sosa nació de una puñalada en el monte y su primer grito al venir al mundo fue al arrancarse el facón del corazón. Apenas dos años después lideró el robo a la estancia “La Madrileña” en el partido de Vicente López. Los testigos lo describirían como un gaucho de unos cuarenta y cinco años, de mirada perdida y de gran puntería con el Winchester.
Tanto en crónicas policiales como folletines gauchescos, podemos encontrar testimonios de un gaucho valiente, hábil con el cuchillo, que rejuvenecía cada día. Después de aterrorizar las estancias del sur de Buenos Aires participó en el famoso robo a “La Forestal” junto con Segundo David Peralta, alias "Mate Cosido", y Juan Bautista Bairoletto. Testigos cuentan que fue alcanzado por un disparo a la altura del hombro, cuya herida desapareció al día siguiente. Según algunos registros los siguientes años fue baqueano en una estancia de San Luis, trabajador golondrina y peón en un ingenio en Tucumán.
En el diario de María de las Mercedes del Sagrado Corazón Asturias, hija menor del dueño de la finca Las Marías relata que: “...un día llegó un niño de unos diez años de edad preguntando por Rubén Sosa y Leonora De La Merced explicando que era su hijo, dijo llamarse Pedro Natalicio Sosa.” más adelante agrega: “Rubén lo echó de su casa, por otro lado Leonora lo reconoció de inmediato como su hijo aunque debo reconocer que nadie jamás la vio embarazada…”
Plinio “el viejo” Contreras en su historia sobrenatural pampeana, de la que sólo se conservan algunos fragmentos, pone en boca de Rubén Sosa el increíble caso de su hijo.
“A la noche lo sigue el día
Ansí pa’ tuito el mundo,
Ansí lo quiso tata Dio’
Pero el vive alrevé
Vio primero la muerte
Po’eso está maldito
No sé puede volver atrás
Cuando se la pierde
la inocencia no vuelve
Si lo quiere quédeselo
No muerdo el anzuelo
Ni me atrapa esta re”
Pedro pasó los últimos años de su vida con Leonora, pagando la penitencia primero y haciendo la travesura después, haciéndose cada vez más jovencito.
Un día después de los diez años de su llegada, Pedro Natalicio Sosa murió en los brazos de su madre.
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