Ya no Pablo Correa
Ya no Pablo Correa Ya no tenía el vestido blanco con pequeñas flores lilas. Tomó el arma con ambas manos, sacó el seguro y llevó la corredera hacia su pecho. El canto de los pájaros, el llamado de los grillos y el silencio de la madrugada eran cercenados por sus pasos sobre las hojas secas. Ya no sentía el aroma del kerosene del sol de noche ni el olor dulzón del vino barato. Al soltar la corredera un click le avisó que la primera bala ya se encontraba en la recámara. Abrió tranquilamente la puerta. Sin preocuparse por el tintinear delator de las llaves o el sonido de sus pasos en la cabaña que una vez fuera su hogar. Ya no sentía cómo las manos ásperas de su abuelo le levantaban el vestido. Se quedó un momento viendo al viejo dormir iluminado por la fría luz de la luna, roncaba fuertemente y de su boca salía un aroma a putrefacción. El percutor hizo explotar la primera bala, luego una segunda y luego una tercera. Ya nunca más volvería a tocarla, ya no ten...