Dios te mendiga
Dios te mendiga El capitán se colocó su brazo ortopédico, emprolijó su uniforme y saludo al doctor fraternalmente. Ambos bajaron de la fragata en algún puerto de Sumatra. Los estibadores hacian equilibrio sobre los reflejos del sol sobre el agua mientras cargaban las provisiones a la bodega del barco. El capitán y el doctor caminaban por el mercado mientras un coro de cientos de comerciantes invitaban al asombro. El doctor no paraba de hablar sobre los avances científicos producidos en la Real Academia de Londres y las maravillas de la civilización. El capitán escuchaba pacientemente y el calor invitaba a soñar con las miradas ocultas tras los coloridos velos de seda. El capitán y el doctor se abrían paso entre la multitud de feriantes y curiosos. Se cruzó frente a ellos un hombre cubierto apenas con un harapo sucio, un cuenco entre las manos, con la apariencia de un cadáver abandonado en el desierto, como un esqueleto cubierto con cuero curtido al sol. El hombre suplicaba...