¿Sueñan los snobs con ovejas elitistas?
¿Sueñan los snobs con ovejas elitistas?
Pablo Daniel Correa
Recuerdo que llovía. Una lluvia gris, como tinta china, como aceite quemado. También recuerdo que alguien usaba una camisa blanca.
Las camisas blancas son las más codiciadas. Una camisa blanca significa que posees un buen impermeable o que no tenes que cruzar la lluvia.
También puede significar que un aeromóvil te deja en el piso setecientos y un replicante te escolta con paraguas hasta la puerta. No como los que vivimos en pisos inferiores al cien.
Recuerdo que para no ser descubierto lo mejor era no tener ningún miembro biónico, eso significaba que no habías trabajado en la megafábrica. Que las máquinas no te habían cercenado un miembro en los turnos de dieciséis horas. También era importante no tener ningún implante neuronal, eso significaba que no habías trabajado como administrativo en ninguna de las megacorporaciones como archivo de respaldó.
Cualquier ropa limpia y prolija anterior a la guerra Terminus completaba la ilusión de pertenecer.
Hay una vida mejor pero no baja del piso setecientos, con suerte se derramaba hasta el piso seiscientos. Para nosotros era subir y tomar algo de la luz que nos robaban, esa luz también nos pertenecía.
Recuerdo que nos colábamos en cualquiera de los eventos culturales de los pisos superiores por los ductos de los antiguos ascensores neumáticos. Lo importante era disimular el miedo a ser descubierto. Solo los replicantes y los impostores tienen miedo.
La última vez que subí hasta el piso setecientos, yo no había tenido nunca trabajo, así que no había perdido mi brazo izquierdo. Era muy pobre para comprar un implante neuronal. Nunca había visto una prenda totalmente blanca hasta que llegó el detective con la policía con sus linternas a encandilarnos, a desalojar a los colados. Pero yo quedé absorto en la camisa blanca, como una polilla al observar una flama. La policía solo tuvo que extender su mano para atraparme.
Jamás volvería a subir. Quedé condenado a vivir para siempre en los pisos inferiores, pero no importaba. Yo había visto cosas que no creerías. Había bailado toda la noche con la heredera de la corporación Tyrell. Había visto un aeromóvil atravesar la ciudad de Fritz Lang. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
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