Nunca hay que decir que el día viene tranquilo Pablo Correa
Nunca hay que decir que el día viene tranquilo Pablo Correa Cuando yo tuve mi primera guardia ¿Hace cuanto ya? Unos veinte, tal vez quince años. Había un jefe de residentes ¿Como se llamaba? ¡Ahí me acuerdo! Osorio. El doctor Osorio era un cabulero de primera. Ya sabes de lo que te hablo: la sal se pasa apoyada en la mesa, se entra con el pie derecho, tocarse el huevo derecho cada vez que se nombraba a… Mejor no lo digo no vaya a ser cosa. Bueno te contaba que el doctor Osorio era un caso para el loquero. Con decirte que casi mata a un gato negro que merodeaba por el parque del hospital. En fin, te contaba. El doctor Osorio tenía un montón de amuletos, estampitas y cosas así. Con decirte que tenía un prepucio cortado en la billetera, si escuchas bien, un prepucio que vaya a saber dios de donde lo saco, plastificado como si fuera un documento. Y un reloj, un reloj de oro. De todo lo que tenía para ahuyentar las desgracias, ese reloj era lo más importante para él. Lo ...