Imagínese hermano


Los milicos no son los únicos que saben odiar. Los oligarcas nos miraban por los balcones, entrábamos sin trajes ni camisas. Algunos ni siquiera terminamos nuestro turno para ir a sacar a Perón del Hospital Militar.

¡Imagínese hermano! Hasta antes del 17 de Octubre te metían en la gayola por no ir de saco y corbata al centro. 
Los niños bien miraban por las ventanas con la misma expresión de sorpresa que tendrían al ver una jirafa en el zoológico.

Lo primero que hice cuando por fin nos pagaron las horas extras fue ir al cine a ver una película, una de vaqueros con indios bailando alrededor de una hoguera.

Imagínese hermano cuando nos vieron en sus bares, en el cine, en el teatro Colón y en mar del plata. 
Cómo rumiaban odio cuando Evita visitaba un hospital, regalaba juguetes o cuando se aseguraba de que las mujeres pudieran trabajar dándoles máquinas de coser.

Imagínese que llamaron a los milicos y vinieron con sus aviones cargados de odio y bombardearon la plaza. ¡Que lo tiró! Los gorilas salían a saludar los aviones. 
Obvio que en el noticiero del cine te mostraban los aviones tirando contra la casa rosada, pero no te mostraban la plaza. 

Ir al cine es muy doloroso. 

No importa, no tienen suficiente fuego para borrar a Perón y a Evita. Pero sus fábricas, por otro lado, solo basta con un cigarrillo mal apagado.







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