Perón, el rayo y el pararrayos
El peronista trabaja para el MOVIMIENTO. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo; lo es sólo de nombre.
(Tercera de las 20 verdades)
La carga eléctrica
La naturaleza ama el equilibrio. Aborrece los espacios vacíos; estos tienen que ser ocupados. Y es en esa búsqueda del equilibrio en la que se producen los movimientos.
Como primera medida voy a explicar cómo es que funcionan los rayos eléctricos.
Los átomos podrían simplemente dividirse en dos partes. El núcleo en donde protones y neutrones se juntan y en órbita a ellos se encuentran los electrones (según el modelo clásico) pero aunque todos sabemos que, en pleno siglo XXI, el modelo de Bohr es una simplificación histórica del modelo atómico actual. En el cual los electrones saltan como una nube de mosquitos alrededor del núcleo.
La corriente eléctrica se produce, diría mí profe de electrónica I, de electrones moviéndose de un átomo a otro. Van a ir saltando de un átomo a otro hasta que encuentren el equilibrio. El ejemplo más claro en la naturaleza es el rayo.
En una nube se producen acumulaciones y separaciones de cargas eléctricas en búsqueda de un lugar donde encontrar el equilibrio. Hay veces que está en otra nube (relámpago) y otras veces en la tierra (rayo).
Pensar que Perón surgió de la nada es, además de erróneo, tremendamente miope. La lucha de los trabajadores en Argentina es de larga data, desde mucho antes del 17 de Octubre, inclusive antes de que Perón se hiciera cargo de la Secretaría de Previsión y Trabajo.
Podríamos mencionar la huelga de inquilinos, la semana trágica o inclusive a Alfredo Palacios. Pero lo cierto es que en la Argentina posterior al Centenario la presión social iba en aumento y estaba a punto de estallar.
El 4 de junio de 1943 un golpe de Estado interrumpió el régimen de fraude electoral que llevaba una década.
Perón y el rayo
Dentro del gobierno de facto, que mantenía la neutralidad argentina en la segunda guerra mundial, iría creciendo la figura del coronel Perón. Desde la recientemente creada Secretaría de Trabajo y Previsión, iniciaría un vínculo con los dirigentes sindicales y un cambio de la política social que incluyó una serie de nuevos derechos (vacaciones pagas, jubilaciones, convenios de trabajo, fueros laborales, etc.).
En parte por su intervención ante el terremoto de San Juan y por su creciente uso de la radio, Perón se iría haciendo cada vez más conocido en la población.
Su proyecto político preveía que el Estado se constituyera en árbitro de los conflictos entre las clases, procurando la conciliación. La situación política, sin embargo, lo fue llevando a apoyarse crecientemente en los sindicatos y los trabajadores.
De ese modo el peronismo de 1945 fue el resultado de combinaciones entre ese proyecto original y un peso del movimiento obrero mucho mayor del que había sido imaginado.
Igualmente el terremoto de San Juan fue muy importante, porque ahí es donde conoció a Evita.
Mientras tanto, la capacidad del gobierno disminuía notablemente, y la presión para entregar el poder a la Corte Suprema es cada vez mayor. Farrell cambio prácticamente a todo el gabinete y Ávalos señala a Perón como uno de los principales agitadores de la crisis. Se ordena la detención de Perón el 12 de octubre.
La agitación obrera crecía al tiempo que los empresarios se negaban a pagar doble la jornada de trabajo del feriado del 12 de octubre. Tampoco estaban dispuestos a pagar vacaciones. El 16 de octubre, luego de un acalorado debate, el Comité Central Confederal de la CGT declaró una huelga general a partir de la hora cero del 18 de octubre “como medida defensiva de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía y el capitalismo”. La iniciativa sindical fue, sin embargo, desbordada por las bases, y desde la tarde del 16 de octubre los obreros empezaron a dejar sus lugares de trabajo.
Sobre las razones que desencadenaron la movilización masiva que luego se llamó el Día de la Lealtad, son muchas, pero hay bastante acuerdo historiográfico que centra como principal detonante al temor de perder derechos laborales que despertó en la clase obrera la renuncia de Perón al gobierno militar de Edelmiro Farrell, que ya tenía una crisis política por las distintas tensiones internas en las Fuerzas Armadas.
La forzada renuncia y arresto en la isla Martín García fueron ionizando las nubes de carga negativa. Generando una situación social de malestar en los sindicatos y las bases obreras que sobrepasó y se adelantaron al paro del 18 que había lanzado la CGT.
Las negras nubes ya estaban cargadas, sin embargo los conservadores, sedientos de poder y acostumbrados a hacer lo que les venga en gana, entienden que no basta con haber encarcelado a la figura que había negociado con los sindicatos mejoras para el movimiento obrero. Deciden darles una última lección a los sectores populares; dice Félix Luna: “los obreros se encontraron con que el salario del feriado 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción patronal. -¡Vayan a reclamarle a Perón!- era la sarcástica respuesta.” No fue una decisión inteligente y la chispa no tardó en estallar.
El rayo
El 17 fue un miércoles y hacía mucho calor, con un cielo limpio y soleado. La cosa empezó temprano, y sin que nadie tuviera claro qué sucedía. Al fin y al cabo, cuando la historia se escribe, sus protagonistas casi nunca son conscientes.
La manifestación comenzó desde los barrios de Barracas, La Boca y Parque Patricios. Con el correr de la mañana se sumaron los barrios populares del oeste de la Capital Federal y los del conurbano. En un intento de contener las masas que entraban a la Ciudad, la policía levantó los puentes sobre el Riachuelo. No sirvió de mucho, en botes, barquitos y hasta nadando, los trabajadores cruzaban igual.
En general, los historiadores y cronistas del 17 de octubre coinciden en destacar el espíritu festivo, el desparpajo, la actitud irreverente de las multitudes que salieron a la calle a reclamar la libertad de Perón. No pocos señalan el carácter carnavalesco de la manifestación popular
La movilización popular de octubre del 45 se ajusta a la definición de carnaval. En el marco de esa marea humana no hay división entre actores y espectadores, todos participan de la acción colectiva, se tornan caducas las reglas que rigen las rutinas de la vida cotidiana, no se respeta ningún tipo de jerarquía y sus protagonistas entran en un “contacto libre y familiar”. Al mismo tiempo, lo carnavalesco de la manifestación obrera expone la diferencia con lo que no es carnaval, lo que queda fuera de ese universo. Los vecinos que, en el centro de Buenos Aires, contemplan azorados la irrupción del peculiar desfile.
Según Perelman, “espontáneamente, y con los elementos que encontraban a mano, los trabajadores, sobre la marcha, improvisaban leyendas, carteles y cartelones de todo género y con las frases más pintorescas, pero que tenían en común un nombre: Perón”
Voy a detenerme brevemente en algunos de estos cantos. En “Los que están con Perón, que se vengan al montón” la relación entre “montón” y “montonera” no es solo de cercanía
en el plano de los significantes sino también en el de los significados. La evocación a las montoneras federales está presente en el imaginario popular. Por ejemplo, los delegados de la FOTIA llegados a Berisso proclamaban por los altoparlantes: “Como en los tiempos de
Güemes (…) ¡marcharemos con lanzas y tacuaras para pelear por nuestra libertad y por la libertad de nuestro líder!”.
En “piantate de la esquina oligarca loco/ el pueblo no te quiere y Perón tampoco” (yo me lo imagino con la música de “salta pequeña langosta”) se expresa la ruptura del temor reverencial respecto de quienes habían representado el poder político y el poder económico durante gran parte de la historia argentina. Se usa la construcción apelativa “oligarca loco” (oligarca es un término erudito que, en la Argentina, tiene una fuerte carga peyorativa), precedida por la modalidad imperativa del “¡piantate!”, término del lunfardo (que, por aquellas épocas escandalizaba a la alta burguesía). De esta manera, se lo expulsa del espacio urbano del que, hasta ese momento, había sido indiscutible dueño y señor.
“Perón no es comunista/ Perón no es dictador/ Perón es hijo del pueblo/ y el pueblo está con Perón” constituye un enunciado altamente polifónico que responde a algunas de las acusaciones de la oposición (aludidas mediante la doble negación polifónica) con la melodía de una canción popular, “La mar estaba serena”, propia de los paseos y las excursiones en grupo.
El término “muchachos” con el que la multitud se autoidentifica en “aquí están, estos son/ los muchachos de Perón”, además de aludir a la gran proporción de jóvenes peronistas, responde al apelativo peyorativo (“muchachones”) con el que eran nominados por la prensa opositora. Según Arturo Jauretche los peronistas nacieron a la vida pública cantando en masa, algo ajeno a la tradición tímida, individualista, retenida de los criollos
El pararrayos
El pararrayos es una invención bastante simple. Es un artefacto que utiliza un principio eléctrico conocido como efecto de punta.
Es un fenómeno físico por el cual las cargas eléctricas acumuladas en un conductor metálico se concentran mayormente en las zonas más afiladas, estrechas o con mayor curvatura. Eso le proporciona al rayo un camino seguro para hacer la descarga. Evitando incendios y catástrofes varias.
En la tarde del 17 de octubre, con la multitud enardecida colmando la Plaza de Mayo, el general Eduardo Ávalos (jefe del acantonamiento de Campo de Mayo y enemigo declarado de Perón) planeaba estrategias para tranquilizarla y desconcentrarla. Le ordenó a Mercante que les hablara. Mercante tomó el micrófono y dijo: “el general Ávalos...”. No pudo continuar, la silbatina fue ensordecedora. Ávalos intentó tomar el micrófono y bastó que el locutor lo anunciara para que se recrudeciera la rechifla. Esto se reiteró en varias oportunidades.
También apareció Colom, director del diario La Época, se presentó enarbolando un periódico, de esta m
anera, la gente lo reconoció y lo aplaudió. Apenas pudo decir que Perón estaba bien y que pronto estaría en la Plaza de Mayo. Y esto no era, justamente, el mensaje que Ávalos quería dar a la multitud.
En otro momento de esa caótica tarde, Antille (radical santafecino, ex Ministro de Hacienda) quiso dirigirse al pueblo como “delegado del coronel Perón ante el general Farrell”; pero la gente seguía insistiendo: ¡Perón! ¡Perón!.
Recién a las once y diez de la noche, Perón apareció en los balcones de la Casa Rosada: “desencadenando la mayor explosión de entusiasmo colectivo jamás conocida en la historia argentina”.
Sebastián Borro, que estaba ahí, declaró: “Para mí, la Plaza de Mayo tembló” Perón vio por primera vez a la multitud que colmaba la plaza, con antorchas improvisadas con diarios, palos y carteles.
"…Algunos haciendo malabarismo debajo del balcón, alcanzaron una bandera argentina a Perón, que la tomó y la hizo flamear entre la clamorosa ovación de la multitud. Después otra bandera para Farrell. Luego llegaron unas flores. Un inescuchado locutor seguía reclamando silencio para que el presidente empezara su discurso pero el bochinche seguía, exaltadamente, inconteniblemente. Una y otra vez Farrell y Perón debieron abrazarse. Así, diez minutos, un cuarto de hora”
Con dificultad por las constantes interrupciones del público, Farrell anunció entre vítores y aclamaciones las nuevas medidas tomadas por el gobierno e hizo la presentación de Perón. El clima era de gran desorden. La multitud allí reunida se manifestaba impaciente e insurrecta. El locutor que anunciaba la palabra de Perón pedía “el mayor de los silencios” y este reclamo se expresaba también en gritos aislados entre el público que exigían “¡silencio!”
El locutor invitó al público a entonar el Himno Nacional Argentino. Perón se retiró del balcón durante su ejecución. Años más tarde le comentará a Félix Luna: “imagínese ni sabía lo que iba a decir… ¡tuve que pedir que cantaran el Himno para poder armar un poco las ideas! Y así salió aquel discurso”.
Perón volvió a salir al balcón mientras el clamor de la multitud por su presencia era ensordecedor. Su primera palabra, con la que nomina e interpela a su interlocutor, es: “¡Trabajadores!”, la cual es recibida con un estruendo lleno de júbilo por los obreros concentrados en la plaza.
Perón y el pararrayos
Dijo el General, alguna vez, una frase que resume el pensamiento del Movimiento Justicialista: “El mundo no resolverá nunca su situación en manos de sectarios y de mercaderes, porque los primeros son frutos de la pasión y la tiranía, y los segundos, víctimas del egoísmo y la avaricia”. Y también dijo: “Si la humanidad no se resuelve a utilizar la justicia social, la comprensión y el amor, será inútil que reclame una paz que no merece ni por sus méritos ni por la capacidad y honradez de los hombres en cuyas manos ha puesto su destino”.
El 17 de Octubre fue otra jornada en la que dos fuerzas que están en constante disputa, volvieron a chocar. Una que a veces toma el poder por la fuerza o solapadamente, engañando a la gente, y logra llegar al gobierno a través del voto, que representa intereses muy particulares. Tiempo atrás éstos fueron los ferrocarriles británicos, la economía liberal, etcétera. Y otra corriente que representa los intereses verdaderamente nacionales. Esta tensión aparece alternativamente en nuestra trayectoria.
La tormenta no aparece de la nada.
El rayo tampoco.
Durante mucho tiempo, las cargas se acumulan, chocan entre sí, buscan una salida. Hasta que, en algún momento, la diferencia de potencial se vuelve insoportable y se produce la descarga.
Perón no creó la tormenta. Pero supo convertirse en el punto donde aquel rayo encontró un camino.
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